Brechas perceptuales en la marca territorial
Hiri Abdelhak y Cherifi Fouad
Kalpana Núm. 30 (ene-jun 2026) pp. 47–67
Para operacionalizar este fenómeno, la teoría contemporánea (Gartner, 1994; Baloglu
& McCleary, 1999) propone un modelo estructural de tres componentes: en primer lugar,
el componente cognitivo, que engloba las creencias sobre atributos tangibles e intangibles
(infraestructura, seguridad, patrimonio); en segundo lugar, el componente afectivo, que
aborda la dimensión emocional (relajación, aventura, fascinación) y se erige como el principal
predictor de la lealtad de marca; por último, el componente conativo, que constituye la
evaluación general que guía la intención de conducta y la acción.
La gestión de estas dimensiones permite superar visiones simplistas al contrastar la
imagen proyectada por las instituciones con la imagen percibida por el viajero (Lee & Bai,
2016). Una divergencia significativa entre ambas no solo revela fallas comunicativas, sino
que compromete la competitividad del destino, dado que la imagen construida por el turista
es, en esencia, el producto turístico mismo (Escudero, 2025).
En este marco, el branding territorial (Anholt, 2007) busca alinear la identidad única
del territorio con la percepción de sus audiencias. El presente estudio, siguiendo la
metodología de Gallarza et al. (2002), analiza y compara la narrativa oficial de la Oficina
Nacional de Turismo de Marruecos con la percepción del mercado emisor español. El
objetivo es identificar brechas entre la proyección estratégica y la realidad mental del turista
para fortalecer el posicionamiento de Marruecos en un entorno global competitivo y
digitalizado.
La medición de la imagen del destino
La complejidad intrínseca de los destinos turísticos determina que la valoración de sus
atributos no sea un proceso universal, sino que esté mediada por la naturaleza específica del
destino (Echtner & Ritchie, 1993), el motivo del viaje (Baloglu & McCleary, 1999) y las
características del turista. En consecuencia, mientras un turista de sol y playa prioriza el
clima, un viajero cultural otorga mayor peso al patrimonio histórico.
Precisamente por esta variabilidad, la evaluación mediante listas de atributos
predefinidos se erige como metodología diagnóstica esencial, ya que permite cuantificar
percepciones y establecer un inventario objetivo de fortalezas y debilidades (Frochot &
Legohérel, 2018).
Sin embargo, este enfoque atributivo presenta una limitación conceptual fundamental,
pues presupone que la imagen total es la suma de sus partes. La investigación demuestra que
la imagen es un constructo psicológico superior (Tasci & Gartner, 2007), con interacción
entre atributos genera una impresión global que trasciende los componentes individuales
(Echtner & Ritchie, 1993). En otras palabras, una evaluación exclusivamente atributiva puede
pasar por alto dimensiones cruciales: la dimensión afectiva, los símbolos únicos y las
asociaciones holísticas del turista.
Con el propósito de superar esta limitación, Echtner y Ritchie (1993) propusieron un
modelo tridimensional. Primero, se establece la dimensión atributiva-funcional, centrada en