Rutas verdes en la España Verde: patrimonio cultural,  
turismo sostenible y dinamización rural  
Green routes in Green Spain: Cultural heritage, sustainable  
tourism and rural revitalization1  
José Luis del Campo-Villares  
jcamv@unileon.es2  
Universidad de León, España  
Antonio Blanco González  
Universitat Oberta de Catalunya, España  
Eladio Jardón Ferreiro  
Universidad Jaume I. Instituto Internacional de Marketing y Comunicación, España  
1
Manuscrito recibido el 16 de febrero de 2026 y aceptado tras revisión editorial y de pares doble ciego el 25 de mayo de  
2026. Kalpana-Revista de Investigación. No. 30. Publicación semestral (julio-2026) ISSN-e: 2661-6696 ISSN: 1390-5775.  
2
Profesor en la ULE en el grado de Turismo y en el de Marketing e Investigación de Mercados. Miembro del Instituto de  
Investigación de la Uva y el Vino de la ULE.  
3
Investigador en el Departamento de Computación, Multimedia y Telecomunicaciones en la UOC. Cofundador de la  
plataforma de transmisión de conocimiento Creandotuprovincia.es  
4 Doctor. Universidad Jaume I. Instituto Internacional de Marketing y Comunicación. Director del Instituto Internacional de  
Marketing y Comunicación. Profesor invitado de la Universidad Jaume I y de UNIR de España.  
       
Rutas verdes en la España Verde  
José Luis del Campo, Antonio Blanco y Eladio Jardón  
Kalpana no. 30 (julio -2026) pp. 25–46.  
Resumen  
Este artículo analiza el papel de las rutas verdes como instrumentos de dinamización turística, cultural  
y territorial en la España Verde (Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi) con el enfoque de sostenibilidad.  
A partir de un enfoque comparativo, se estudian 12 rutas activas entre 2022 y 2025 mediante una  
metodología mixta que combina revisión documental, informes oficiales públicos de actores locales y  
la construcción de un Índice Integrado de Turismo Cultural (IITC) de diseño propio. Destacan casos  
como la Senda del Oso y la GR-38, donde la integración de narrativas culturales y estrategias turísticas  
inclusivas ha potenciado el impacto territorial. Sin embargo, se identifican barreras persistentes: carencia  
de financiación estable, baja conectividad con transporte público y ausencia de indicadores  
estandarizados de seguimiento. El estudio concluye que las rutas verdes poseen un alto potencial de  
replicabilidad, siempre que se adapten a las singularidades locales y se inserten en políticas de turismo  
sostenible y cohesión rural. Los resultados evidencian que las rutas verdes, cuando se gestionan con  
criterios de gobernanza colaborativa y lógica territorial, actúan como catalizadores del desarrollo  
sostenible, favoreciendo la valorización del patrimonio cultural, la movilidad suave y la generación de  
empleo verde.  
Palabras clave: rutas verdes, turismo cultural, desarrollo sostenible, patrimonio cultural, España Verde.  
Abstract  
This article examines the role of greenways as instruments for tourism, cultural, and territorial  
development in Spain’s “Green Spain” regions (Galicia, Asturias, Cantabria, and the Basque Country).  
Using a comparative approach, the study analyzes 12 active routes between 2022 and 2025 through a  
mixed methodology that combines document review, official public reports from local actors, and the  
construction of an Integrated Cultural Tourism Index (IITC). Notable cases such as the Senda del Oso  
and GR-38 highlight how cultural narratives and inclusive tourism strategies enhance territorial impact.  
Nevertheless, recurrent barriers are identified, including unstable funding, weak connectivity with  
public transport, and the absence of standardized monitoring indicators. The study concludes that  
greenways hold high replicability potential, provided they are adapted to local specificities and  
embedded within broader policies of sustainable tourism and rural cohesion. Findings reveal that  
greenways, when managed through collaborative governance and territorial logic, act as catalysts for  
sustainable development, fostering cultural heritage valorization, soft mobility, and green job creation.  
Keywords: Greenways, cultural tourism, sustainable development, cultural heritage, Green Spain.  
Introducción  
En un contexto internacional, las rutas verdes o greenways han sido objeto de creciente  
atención en países europeos como Francia, Reino Unido y Alemania, donde se han consolidado  
como infraestructuras de turismo cultural y ecológico que conectan áreas rurales con núcleos  
urbanos. En Estados Unidos, programas como Rails-to-Trails han demostrado su capacidad  
para transformar antiguas vías férreas en corredores culturales y recreativos de alto impacto  
económico. Estas experiencias comparadas muestran que la incorporación de narrativas  
culturales y modelos de gobernanza colaborativa son factores decisivos para garantizar la  
sostenibilidad de las rutas.  
Rutas verdes en la España Verde  
José Luis del Campo, Antonio Blanco y Eladio Jardón  
Kalpana no. 30 (julio -2026) pp. 25–46.  
En el marco de la Unión Europea, las rutas verdes se insertan en las prioridades de la  
Política de Cohesión 2021–2027 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 11 y 15),  
reforzando la idea de que constituyen herramientas estratégicas para la resiliencia territorial y  
la cohesión social (European Union, 2021a). De este modo, el análisis de la España Verde aporta  
no solo una visión regional, sino también un caso de estudio extrapolable a debates académicos  
y políticos de mayor alcance.  
Las rutas verdes han emergido como una herramienta estratégica para el desarrollo  
sostenible en territorios rurales, combinando movilidad suave, recuperación del patrimonio y  
diversificación turística. Este estudio se centró en la evaluación crítica de 12 rutas verdes en  
funcionamiento en Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi, la España Verde (Ingreenspain,  
2023), entre 2022 y 2025, con especial atención a su impacto territorial, capacidad de  
valorización cultural y potencial de retorno socioeconómico.  
Se identificaron patrones comunes de éxito, incluyendo la integración con redes  
culturales preexistentes, la implicación de agentes locales y la articulación con estrategias de  
economía circular. A través de un enfoque comparativo y apoyado en fuentes oficiales  
verificadas (Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Xunta de Galicia,  
Gobierno del Principado de Asturias, Gobierno de Cantabria, Gobierno Vasco, Instituto  
Nacional de Estadística) se analizó cómo estas infraestructuras blandas contribuyen no solo a  
la atracción turística sino también a la reactivación comunitaria, la resiliencia ambiental y la  
mejora del bienestar local, todo con criterios de sostenibilidad.  
Los resultados mostraron además que, cuando se diseñan desde una lógica territorial y  
participativa, las rutas verdes actúan como catalizadores de desarrollo turístico inclusivo,  
especialmente en áreas con alto valor patrimonial pero baja densidad de población. No obstante,  
el estudio también señala barreras recurrentes como una falta de financiación estable,  
desconexión entre rutas y nodos de transporte público, y ausencia de indicadores de seguimiento  
adaptados a las particularidades rurales. Este trabajo propone una batería de recomendaciones  
operativas que permitan superar las barreras indicadas.  
La novedad de este trabajo radicó en la aplicación del Índice Integrado de Turismo  
Cultural (IITC), una propuesta metodológica original que permite comparar de manera  
sistemática rutas con diferente nivel de desarrollo y gestión. Este enfoque contribuye al vacío  
detectado en la literatura internacional, donde predominan los estudios de caso aislados, pero  
escasean las aproximaciones comparativas con indicadores normalizados (Zawawi et al., 2023).  
Este índice permitió cuantificar el valor añadido de cada ruta desde una perspectiva  
multidimensional. La replicabilidad del modelo, siempre que se respeten las singularidades  
locales, constituye una de las principales conclusiones estratégicas de este trabajo.  
También se elaboraron recomendaciones para administraciones públicas, agentes  
turísticos y gestores de rutas en otros territorios rurales.  
Este trabajo parte de una hipótesis central (Figura 1):  
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H1: Las rutas verdes pueden actuar como vectores de desarrollo territorial equilibrado.  
Para el cumplimiento de la hipótesis central es necesario que se cumplan tres hipótesis  
específicas:  
H2: Las rutas verdes deben articularse con el tejido socioeconómico y patrimonial local  
H3: Las rutas verdes deben contar con indicadores adecuados de impacto  
H4: Las rutas verdes deben presentar una gobernanza participativa  
Figura 1. Marco conceptual e hipótesis de trabajo. Elaboración propia, 2025  
Marco teórico  
La conexión entre turismo rural, patrimonio cultural y sostenibilidad territorial ha  
cobrado una relevancia creciente en el marco de las políticas europeas de desarrollo regional,  
también conocidas como Política de Cohesión (European Union, 2021b), que es la principal  
política de inversión de la UE para reducir las disparidades económicas, sociales y territoriales  
entre sus regiones. Se apoyan en fondos estructurales como el Fondo Europeo de Desarrollo  
Regional (FEDER), el Fondo de Cohesión (FC) y el Fondo Social Europeo Plus (FSE+). Sus  
objetivos son fomentar la creación de empleo, la competitividad, el crecimiento económico, el  
desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida en todas las regiones de la UE.  
La literatura académica muestra cómo el concepto de valor patrimonial ha evolucionado  
desde una visión esencialista del patrimonio, centrada en la conservación de objetos materiales,  
hacia una perspectiva más dinámica y social. En la actualidad, el patrimonio se entiende como  
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un proceso de construcción simbólica y social mediante el cual las comunidades seleccionan,  
legitiman y transmiten elementos que representan su identidad y memoria colectiva (Ramírez-  
Rosete et al., 2017; 2020). De este modo, el patrimonio no reside únicamente en los bienes  
materiales o inmateriales, sino en el significado compartido que la sociedad les otorga.  
Desde esta perspectiva constructivista, el patrimonio se convierte en un lenguaje cultural  
que permite a los territorios narrarse a sí mismos. La relación entre comunidad, patrimonio y  
territorio es, por tanto, indisociable (Blečić et al., 2025). El territorio actúa como contenedor  
simbólico de prácticas, tradiciones y paisajes culturales que conforman la identidad colectiva  
(Graham et.al., 2016). Este valor patrimonial cobra sentido cuando se interpreta y se comunica  
de forma coherente, generando un relato territorial que vincula pasado, presente y futuro.  
Para que una experiencia turística articule de forma eficaz el relato cultural del territorio,  
debe integrar tres dimensiones (Tabla 1):  
Tabla 1. Dimensiones necesarias para la articulación cultural de territorio  
Dimensión  
Cognitiva  
Descripción  
Transmitir conocimientos sobre la historia, el  
paisaje o las tradiciones.  
Ejemplo práctico  
Centros de interpretación o rutas guiadas con  
contenidos históricos.  
Emocional  
Provocar una conexión afectiva con el lugar.  
Relatos orales, uso de testimonios locales,  
puesta en escena sensorial.  
Participativa  
Involucrar al visitante como actor del relato.  
Talleres de vino, elaboración artesanal,  
experiencias gastronómicas.  
Elaboración propia, 2025.  
De este modo, el relato cultural no solo comunica, sino que transforma la experiencia  
turística en un acto de diálogo entre pasado, presente y futuro (Zhang, 2022).  
Las narrativas culturales constituyen el conjunto de relatos, símbolos y discursos  
mediante los cuales una comunidad interpreta y comunica su identidad. Estas narrativas  
permiten articular los valores patrimoniales del territorio en un discurso comprensible y  
emocionalmente significativo para los visitantes y los propios residentes (Ku et al., 2025). La  
identidad narrativa se configura a través del relato, que media entre la memoria y la experiencia  
vivida. De esta manera, la narración se convierte en un instrumento esencial para dar coherencia  
a la identidad territorial.  
El éxito de una narrativa cultural radica en su capacidad de crear sentido de pertenencia  
en la comunidad local y de generar empatía en el visitante (Su et al., 2016). Para ello, la historia  
que se cuenta debe ser auténtica, coherente y participativa, es decir, debe involucrar tanto a  
quienes la producen como a quienes la reciben. Los territorios que logran construir narrativas  
sólidas y coherentes alrededor de su patrimonio cultural suelen fortalecer su marca territorial y  
aumentar su atractivo turístico (Richards, 2018).  
Se identifica como ruta verde a una infraestructura blanda, habitualmente peatonal o  
cicloturista, que aprovecha trazados ferroviarios en desuso, caminos naturales o senderos  
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tradicionales con fines recreativos, culturales o turísticos sostenibles. Una infraestructura  
blanda es una infraestructura territorial no agresiva ni masiva (como senderos, señalización,  
centros de interpretación) que promueve usos turísticos, recreativos o culturales respetuosos  
con el entorno rural.  
Por ese motivo hay que incluir en el trabajo el concepto de movilidad suave, como el  
sistema de desplazamiento no motorizado (peatonal, bicicleta, accesibilidad universal) que  
fomenta el uso responsable del espacio público y minimiza la huella ecológica.  
El concepto de patrimonio cultural engloba al conjunto de bienes materiales  
(arquitectura, restos industriales, caminos históricos) e inmateriales (tradiciones, toponimia,  
relatos orales) que configuran la identidad territorial y que pueden ser activados como recursos  
turísticos (Kastenholz et al., 2017).  
Turismo sostenible es el modelo de desarrollo turístico que equilibra las dimensiones  
económica, social y ambiental (Xie et al., 2024), minimizando impactos negativos sobre el  
entorno y favoreciendo beneficios duraderos para la población local (An & Alarcón, 2020). Es  
necesario unirlo al concepto de economía circular rural, donde se reconoce un modelo  
productivo que busca reducir residuos, reutilizar recursos y cerrar ciclos a nivel local, aplicando  
principios de sostenibilidad en ámbitos como el turismo, la agricultura o la energía.  
Al hablar del turismo verde y sostenible, aunque presenta peculiaridades propias,  
también presenta factores sociodemográficos y motivacionales, así como comportamientos  
comunes a cualquier actividad turística. Por ello se debe hablar también del concepto de  
estacionalidad turística, como la concentración del flujo de visitantes en determinados períodos  
del año, que puede provocar presión sobre los servicios locales y baja rentabilidad fuera de  
temporada.  
En este trabajo se introduce como necesario para el éxito de las rutas verdes la  
gobernanza colaborativa, que es una forma de gestión que implica a distintos niveles de  
administración pública, sociedad civil y sector privado en la toma de decisiones, ejecución y  
seguimiento de políticas o proyectos. Entre sus objetivos se encuentra el conseguir una  
capilaridad territorial. o capacidad de una infraestructura o red para conectar puntos diversos  
del territorio, extendiendo sus beneficios más allá del núcleo principal o del trazado central.  
En este contexto, las rutas verdes son infraestructuras blandas que aprovechan antiguos  
trazados ferroviarios, caminos históricos o senderos naturales que se han consolidado como  
herramientas clave para dinamizar espacios rurales y semiurbanos desde una perspectiva  
integradora (Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico [MITECO], 2021;  
Organization for Economic Co-operation and Development [OECD], 2024).  
Las rutas verdes buscan fomentar la movilidad no motorizada, el turismo sostenible y la  
valorización del patrimonio cultural (European Greenways Association, 2021; Fundación de los  
Ferrocarriles Españoles, 2022). Presentan como factores comunes que tienen un bajo impacto  
ambiental, una integración paisajística y un gran potencial para articular redes de conectividad  
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entre núcleos rurales y urbanos (Observatorio de la Sostenibilidad de España, 2022). Sus  
infraestructuras no solo promueven actividades recreativas y deportivas, sino que también  
constituyen espacios de interpretación cultural y patrimonial, generando experiencias turísticas  
significativas y contribuyendo al aprendizaje sobre el territorio como anticiparon López-  
Olivares & Agarwal, S. (2017) o Blanco-Gregory & Martínez-Quintana (2021).  
En el marco del turismo sostenible, las rutas verdes se alinean con los principios de  
sostenibilidad ambiental, inclusión social y desarrollo económico local (ONU-Turismo, 2020).  
La literatura evidencia que estas rutas pueden actuar como catalizadores de desarrollo territorial  
equilibrado, generando empleo verde, fomentando la economía circular y potenciando la  
resiliencia ambiental en entornos rurales (ElorriEta-Sanz y Olcina-Cantos, 2021).  
La literatura académica reciente refuerza estas perspectivas. Estudios en Journal of  
Sustainable Tourism (Luu, 2019), muestran cómo las rutas verdes contribuyen a diversificar la  
oferta turística y a reducir la presión sobre destinos masificados (Ding et al., 2024). Se ha  
evidenciado que las iniciativas de “slow tourism” y movilidad no motorizada fortalecen la  
cohesión territorial y generan beneficios en áreas rurales periféricas (Leichenko & Taylor,  
2024). Asimismo, investigaciones comparadas en Journal of Rural Studies destacan que la  
gobernanza participativa es un factor decisivo para garantizar la sostenibilidad de los proyectos  
vinculados al patrimonio cultural y natural (Slater, 2022).  
La integración de los recursos patrimoniales, materiales e inmateriales, en la experiencia  
turística fortalece la identidad local y el capital cultural del territorio, promoviendo la  
conservación y puesta en valor del patrimonio histórico, arquitectónico y natural (European  
Union, 2021c).  
La eficacia de las rutas verdes se encuentra estrechamente relacionada con la adopción  
de modelos de gobernanza colaborativa. La literatura reciente subraya que la implicación  
conjunta de las administraciones públicas, asociaciones vecinales, grupos de desarrollo rural y  
agentes del sector privado constituye un elemento determinante para garantizar la sostenibilidad  
de las infraestructuras, la continuidad de los servicios y la participación comunitaria en los  
procesos de conservación del patrimonio (Clavero et al., 2025). En este sentido, la gobernanza  
multiescalar, sustentada en la articulación entre planificación estratégica, gestión participativa  
y mecanismos de financiación estables, se configura como un factor crítico de éxito en la  
implementación y consolidación de las rutas verdes.  
El turismo cultural en entornos rurales alcanza mayores niveles de desarrollo cuando las  
rutas verdes logran integrar narrativas patrimoniales coherentes con la historia, las tradiciones  
y el paisaje del territorio. Casos como la Senda del Oso o la Ruta del Flysch evidencian que la  
combinación de interpretación cultural, señalética narrativa y actividades participativas  
favorece la fidelización del visitante y genera impactos socioeconómicos positivos en el ámbito  
local (Clúster Turismo Asturias, 2025; Euskadi Turismoa, 2025). Desde esta perspectiva, la  
literatura especializada enfatiza que el valor turístico de una ruta no depende exclusivamente  
de su infraestructura física, sino de la capacidad de activar los recursos culturales existentes y  
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de configurar experiencias significativas que fortalezcan el vínculo entre el visitante y el  
territorio.  
Por su parte, la aplicación del modelo de economía circular al diseño y gestión de las  
rutas verdes posibilita una optimización en el uso de los recursos, la reutilización de  
infraestructuras preexistentes y una reducción significativa del impacto ambiental derivado de  
la actividad turística. Asimismo, una planificación basada en criterios de sostenibilidad  
territorial contribuye de manera decisiva a la cohesión del espacio rural, promoviendo la  
movilidad suave, la preservación de los ecosistemas y la generación de empleo local (Fundación  
Santa María La Real, 2023). Este enfoque establece un vínculo directo entre la valorización del  
patrimonio, la innovación social y la competitividad turística de los territorios rurales,  
favoreciendo procesos de desarrollo más integrales y resilientes (Rural Employment Network,  
2025).  
Metodología  
El presente estudio adoptó un enfoque mixto, cuantitativo y cualitativo, permitiendo una  
comparativa de las rutas y la replicabilidad metodológica. El objetivo principal es evaluar el  
impacto cultural, turístico y territorial de rutas verdes activas en la España Verde (Galicia,  
Asturias, Cantabria y Euskadi) entre 2022 y 2025, integrando indicadores operativos con  
análisis estructural de contexto.  
3.1 Selección de casos  
Se identificaron 12 rutas verdes activas con vocación turístico-cultural, seleccionadas  
conforme a los siguientes criterios de inclusión:  
Trayectoria mínima de 24 meses operativa (iniciadas antes de enero de 2023).  
Localización íntegra o mayoritaria en zonas rurales de la España Verde según  
delimitación del Instituto Nacional de Estadística.  
Gestión directa o indirecta con participación institucional o comunitaria.  
Accesibilidad garantizada (peatonal o cicloturista) y continuidad funcional del trazado.  
Incorporación de elementos patrimoniales o culturales en la experiencia del visitante.  
Los 12 casos finales se distribuyeron del siguiente modo:  
Galicia: Vía Verde do Eo (Lugo) y Camino Natural del Cantábrico (A Mariña).  
Asturias: Senda del Oso, Senda Verde de Avilés y Camino de Santiago Primitivo  
(tramo rural).  
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Cantabria: Vía Verde del Pas, Camino Lebaniego y la Senda Costera de Castro  
Urdiales.  
Euskadi: Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro, Senda de Lea-Artibai, Ruta GR-38  
(Ruta del Vino y del Pescado y la Ruta del Flysch de Zumaia).  
3.2 Técnicas de análisis  
Se ha estructurado el análisis en tres niveles:  
a) Análisis documental y normativo  
Revisión de planes de ordenación del territorio, políticas culturales, estrategias turísticas  
(2020–2024).  
Estudio de bases de datos oficiales: Instituto Nacional de Estadística, Instituto para la  
Diversificación y Ahorro de la Energía, Red de Rutas Verdes del Ministerio de  
Transportes y Movilidad Sostenible de España, Turespaña, EuroVelo, Padrón Municipal  
y Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas.  
Consulta de informes técnicos elaborados por Tragsa, Centro Nacional  
de Educación Ambiental, Fundación de los Ferrocarriles Españoles e Interreg Atlantic  
Area.  
b) Trabajo de campo (limitado)  
Observación participante en 4 rutas (Senda del Oso, Vía Verde del Eo,  
Ruta del Flysch y GR-38), con registro fotográfico y diario etnográfico breve.  
Aunque el trabajo de campo fue limitado, su función metodológica no fue cuantitativa  
sino instrumental para la triangulación, especialmente en la dimensión de Patrimonio y en la  
valoración de la interacción de los actores locales.  
Las observaciones se utilizaron para validar tres aspectos del IITC:  
(a) la coherencia entre los elementos patrimoniales inventariados en los documentos  
oficiales y su estado real de conservación o accesibilidad;  
(b) la presencia, ausencia o debilidad de dispositivos interpretativos (señalética  
narrativa, paneles, mediación cultural), complementando así la valoración cuantitativa de  
“interpretación patrimonial”;  
(c) la dinámica real entre agentes, personal técnico, asociaciones locales, pequeños  
negocios, que permitió contrastar si la gobernanza declarada en informes coincidía con la  
gobernanza efectiva.  
En síntesis, el diario etnográfico breve aportó información cualitativa esencial para  
calibrar la dimensión Patrimonio y para verificar el funcionamiento de los actores, evitando  
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sesgos derivados de fuentes exclusivamente institucionales. Esta triangulación reforzó la  
validez interna del IITC en los casos estudiados.  
c) Construcción del Índice Integrado de Turismo Cultural (IITC)  
Para reforzar la validez del IITC, se aplicó un proceso de ponderación basado en un  
panel experto con tres especialistas en planificación territorial y turismo sostenible, siguiendo  
recomendaciones metodológicas de validación multicriterio. Este enfoque permitió otorgar  
mayor solidez a las dimensiones seleccionadas y justificar las diferencias de peso entre  
accesibilidad, patrimonio, impacto turístico, gobernanza y sostenibilidad.  
Además, se realizó un ejercicio de triangulación metodológica que permitió que los  
datos documentales fueran contrastados con observaciones de campo (visitas presenciales en  
parte de las rutas) y con informes sectoriales, minimizando el riesgo de sesgo derivado de una  
única fuente.  
La elección de las 12 rutas responde también a un criterio de máxima variabilidad  
(maximum variation sampling), lo que facilitó la replicabilidad de los resultados y aumentó la  
relevancia comparativa entre comunidades autónomas, aunque existen diferentes  
ponderaciones o factores valorados por las diferentes administraciones públicas territoriales.  
Este índice propio combinó 5 dimensiones clave (Tabla 2):  
Tabla 2. Dimensiones e indicadores de ponderación del indicador IITC  
Dimensión  
Accesibilidad física y digital  
Patrimonio cultural y  
paisajístico  
Indicadores (ponderación)  
Conectividad, señalización, digitalización (20%)  
Bienes reconocidos, interpretación, puesta en valor (25%)  
Impacto turístico  
Gestión y gobernanza  
Sostenibilidad y resiliencia  
Visitantes anuales, estacionalidad, retorno económico local (25%)  
Participación, financiación, modelo de gestión (15%)  
Integración ambiental, mantenimiento, continuidad (15%)  
Elaboración propia, 2025.  
Cada dimensión se valoró en escala 0–10, normalizada, para construir un índice final de impacto  
entre 0 y 100 puntos (Figura 2), donde:  
0–39: bajo impacto (modelo fallido o en retroceso).  
40–69: impacto moderado (modelo funcional con margen de mejora).  
70–100: alto impacto (modelo consolidado y replicable).  
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Figura 2. Niveles de ponderación del IITC. Elaboración propia, 2025.  
Asimismo, el IITC incorpora explícitamente la capacidad de la ruta para extender sus  
beneficios más allá del trazado principal, lo que se operacionaliza a través de indicadores  
vinculados a la capilaridad territorial. Esta se mide mediante tres elementos: (1) la conectividad  
con nodos rurales secundarios y servicios locales; (2) la densidad y distribución de accesos  
complementarios en un radio de 1–3 km; y (3) el grado de integración de la ruta con recursos  
patrimoniales periféricos (conjuntos históricos, talleres artesanales, miradores, elementos  
etnográficos).  
De este modo, el IITC no evalúa la ruta como un corredor aislado, sino como una  
infraestructura territorial capaz de irradiar impactos culturales, turísticos y socioeconómicos  
hacia su entorno inmediato, permitiendo medir su función articuladora del territorio rural.  
Desarrollo de la investigación  
Valor patrimonial y narrativas culturales asociadas  
Uno de los factores diferenciales en el desempeño de las rutas verdes en la España Verde  
es su capacidad para articular el relato cultural del territorio a través de una experiencia turística  
significativa. El valor patrimonial no se limita a la existencia de bienes materiales  
(monumentos, paisajes, arquitectura) o inmateriales (tradiciones, gastronomía, memoria oral),  
sino que emerge de la relación entre la comunidad y su territorio. En ese sentido, el patrimonio  
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es una construcción social, un proceso de selección, legitimación y narración de aquello que se  
considera digno de conservar y compartir.  
En este sentido, hablar de que el patrimonio se convierte en relato significa que deja de  
ser un conjunto de objetos estáticos y pasa a integrarse en una narrativa cultural dinámica que  
da sentido a la identidad local. El turista no busca solo ver el patrimonio, sino comprenderlo y  
experimentarlo como una historia viva, donde el territorio actúa como escenario simbólico y  
emocional.  
El análisis de las 12 rutas seleccionadas reveló que aquellas que integraron elementos  
patrimoniales de forma activa, bien a través de centros de interpretación, señalética narrativa o  
actividades vinculadas a la tradición oral, obtuvieron puntuaciones superiores en el subíndice  
cultural del IITC.  
Destacaron especialmente la Ruta del Flysch (Zumaia) y la GR-38 Ruta del Vino y del  
Pescado (Euskadi), donde la experiencia turística se apoyó en narrativas bien estructuradas y  
en un enfoque paisajístico que potencia el aprendizaje. Por el contrario, rutas como la Senda  
Verde de Avilés o la Senda Costera de Castro Urdiales, pese a su riqueza ambiental, mostraron  
una débil interpretación cultural, reduciendo su capacidad de fidelización turística.  
El papel de los actores locales en la conservación y dinamización del patrimonio  
inmaterial se mostró fundamental ya que, en 8 de las 12 rutas analizadas, la implicación de  
asociaciones culturales o vecinales fue un factor clave en la construcción del relato turístico y,  
por ende, una mejora en la valoración del IITC.  
Impacto turístico y dinamización económica  
El segundo eje del análisis se centró en el volumen turístico y su distribución  
territorial. Según los datos recogidos entre 2022 y 2024:  
La Senda del Oso (Asturias) y la Vía Verde del Pas (Cantabria) superaron los  
160.000 visitantes anuales, con estacionalidad moderada y retorno económico local directo en  
forma de empleos vinculados a restauración, hospedaje y guías locales.  
Por el contrario, la Vía Verde do Eo o el Camino Natural del Cantábrico  
(Galicia) presentaron cifras inferiores a 25.000 visitantes anuales, en parte por baja  
conectividad, señalización irregular o escasa promoción.  
La media global de retorno estimado se sitúa en 18,5 empleos directos por cada  
10 km de ruta bien gestionada (2023), con variaciones regionales y dependencia del modelo de  
gobernanza.  
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Gobernanza, mantenimiento y resiliencia  
Uno de los puntos más críticos detectados fue la fragilidad institucional de numerosas  
rutas. Solo 4 de las 12 analizadas cuentan con estructuras de gestión estable (consorcios o  
fundaciones), lo que condicionó la continuidad en el tiempo y la planificación de mejoras.  
El modelo de gobernanza colaborativa con participación de entidades locales  
(ayuntamientos, grupos de desarrollo rural, asociaciones) se asoció positivamente con un mayor  
IITC. De este modo, las rutas gestionadas desde lo público-comunitario tuvieron una  
puntuación media de 74/100, frente a 52/100 en modelos delegados o sin estructura definida.  
Además, se identificó que la resiliencia de las rutas (capacidad para mantener  
funcionamiento en situaciones de crisis como lluvias extremas o disminución de fondos) estaba  
directamente relacionada con la existencia de protocolos de mantenimiento, reserva  
presupuestaria y apoyo ciudadano. Una gobernanza o cogobernanza público-privada reflejó  
unos efectos muy positivos en las rutas frente a las que carecían de esta.  
Resultados del Índice IITC (comparativa)  
Con la aplicación de la metodología que se propuso en este trabajo se calcularon los  
diferentes valores del IITC para las 12 rutas objeto del estudio (Tabla 3), lo que permitió realizar  
una cuantificación que facilitó la realización de una comparación más objetiva (con  
independencia de la posibilidad de que hubiera diferentes criterios de cada administración  
territorial en la que se ubicaran geográficamente las diferentes rutas) (Figura 3):  
Tabla 3. Valoraciones obtenidas por las diferentes rutas con el IITC  
Ruta  
Senda del Oso (Asturias)  
GR-38 Ruta del Vino y del Pescado (Euskadi)  
Camino de Santiago Primitivo (Asturias)  
Vía Verde del Pas (Cantabria)  
Ruta del Flysch de Zumaia (Euskadi)  
Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro (Euskadi)  
Senda de Lea-Artibai (Euskadi)  
Camino Lebaniego (Cantabria)  
Vía Verde do Eo (Galicia)  
Camino Natural del Cantábrico (Galicia)  
Senda Verde de Avilés (Asturias)  
Senda Costera de Castro Urdiales (Cantabria)  
Elaboración propia, 2025.  
IITC (0100)  
88  
85  
80  
78  
76  
74  
72  
70  
58  
55  
50  
48  
Rutas verdes en la España Verde  
José Luis del Campo, Antonio Blanco y Eladio Jardón  
Kalpana no. 30 (julio -2026) pp. 25–46.  
Figura 3. Índice IITC en rutas verdes de la España Verde (2022–2025  
El análisis comparativo del IITC evidenció una clara jerarquía territorial. Las rutas  
asturianas (Senda del Oso y Camino Primitivo) y las vascas (GR-38 y Ruta del Flysch) se sitúan  
en el rango alto (>75), donde resultaron como factores destacados la articulación patrimonial,  
las estrategias narrativas sólidas y las estructuras de gobernanza estables. Cantabria mostró un  
desempeño intermedio, con la Vía Verde del Pas y el Camino Lebaniego alcanzando valores  
notables, aunque la Senda Costera reflejó carencias en señalización y digitalización. Galicia, en  
cambio, presentó los resultados más bajos (55–58), lo que confirmó la existencia de una menor  
integración cultural y deficiencias en la conectividad intermodal (Figura 4).  
En el caso de Galicia, el bajo desempeño del IITC puede desglosarse atendiendo a las  
cinco dimensiones operativas del índice. En Accesibilidad, ambas rutas gallegas presentan  
discontinuidades, señalización irregular y una menor conexión intermodal, lo que limita la  
llegada de flujos turísticos desde núcleos próximos. En Patrimonio, aunque existe un acervo  
relevante, la interpretación cultural es débil y carece de dispositivos narrativos consolidados.  
En Impacto turístico, la limitada promoción territorial y la concentración estacional explican  
las cifras reducidas de visitantes. En gobernanza, la fragmentación institucional y la ausencia  
de estructuras estables de gestión reducen la capacidad de planificación y mantenimiento.  
Finalmente, en Sostenibilidad, la falta de protocolos sistemáticos de conservación condiciona  
la resiliencia de las rutas.  
Estas debilidades están estrechamente relacionadas con una menor capilaridad  
territorial, entendida como la capacidad de las rutas para conectarse con núcleos, recursos y  
servicios del entorno. La insuficiente articulación con el territorio rural impide que las rutas  
gallegas generen impactos expansivos más allá del trazado principal, limitando su potencial  
como instrumentos de desarrollo sostenible.  
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Figura 4. Radar del Índice Integrado de Turismo Cultural  
Limitaciones y consideraciones éticas  
La muestra no pretendió ser exhaustiva, sino representativa de la diversidad de rutas en  
la España Verde. Factores como la antigüedad de las rutas, la existencia de un mayor o menor  
número de actores presentes en las mismas no fueron contemplados como variables  
diferenciadoras.  
No se realizó intervención directa en el entorno ni manipulación de variables in situ.  
Aunque se han seleccionado 12 rutas relevantes en Galicia, Asturias, Cantabria y  
Euskadi, la muestra no es exhaustiva ni proporcional al total de rutas existentes en cada  
territorio. Algunas zonas con baja visibilidad institucional o menor promoción turística pueden  
haber quedado infrarepresentadas.  
Se debe considerar que los medidores de las rutas pueden variar si la información de los  
resultados de cada una de ellas, que facilitan las administraciones públicas correspondientes,  
no responde a los mismos parámetros y niveles de ponderación.  
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En España, no existe en la actualidad un sistema de evaluación homologado para rutas  
verdes con componentes patrimoniales. Esto obligó a la creación de un índice propio (IITC), lo  
cual, si bien aporta innovación, también puede presentar sesgos metodológicos al carecer de  
referentes previos validados a escala nacional o europea.  
Una de las principales limitaciones es la disponibilidad desigual de datos estadísticos.  
Mientras algunas rutas cuentan con registros anuales de visitantes y retorno económico, en otras  
la información es fragmentaria o dependiente de estudios puntuales. Esto reduce la capacidad  
de aplicar técnicas estadísticas avanzadas y limita la robustez comparativa, como muestran  
estudios recientes sobre percepción y valoración de servicios ecosistémicos en España.  
Otra limitación proviene del alcance temporal: el estudio se centró en el periodo 2022–  
2025, lo que dificulta captar tendencias de largo plazo. Investigaciones previas han demostrado  
que los efectos del turismo sostenible requieren horizontes de observación de al menos una  
década para identificar patrones de consolidación (Hall, 2019).  
Finalmente, el uso del IITC como índice pionero constituye una fortaleza metodológica  
pero también un desafío: al no existir estándares europeos, la comparabilidad con otros trabajos  
es parcial. Se recomienda en futuras investigaciones avanzar hacia un marco de indicadores  
armonizados, en línea con las propuestas de la Organización Mundial del Turismo y de la  
Comisión Europea (European Commission, 2016).  
Discusión  
Algunas rutas seleccionadas se encuentran en fases de implementación, expansión o  
redefinición estratégica. Por tanto, los resultados del IITC representan una fotografía  
estática (2022–2025), sujeta a evolución futura. No se puede descartar que su impacto se  
modifique de forma significativa en ciclos posteriores, lo cual permitirá ampliar el presente  
trabajo.  
Los resultados obtenidos en este estudio permitieron contrastar la H1, hipótesis central  
del mismo, confirmando que las rutas verdes constituyen un instrumento eficaz de valorización  
territorial cuando se integran en estrategias amplias de desarrollo sostenible, basadas en  
gobernanza colaborativa, activación del patrimonio y planificación turística coherente.  
Confirman así lo anticipado por autores como Richards (2018).  
Se convierten en vectores de desarrollo territorial equilibrado, siguiendo criterios de  
sostenibilidad, potenciando la economía circular del entorno y consolidando su imagen.  
Estudios como el de Kastenholz et al. (2017) se alinean en la misma dirección.  
Los mejores resultados son los que obtuvieron aquellas rutas en las que las hipótesis H2,  
H3 y H4 estuvieron presentes, cada una de ellas en diferente medida. La presencia de estas  
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siempre aporta un resultado positivo en el cálculo de su IITC, lo que confirma estudios previos  
de Baloch et al. (2023).  
La H2, que analizaba si las rutas verdes deben articularse con el tejido socioeconómico  
y patrimonial local, se contrastó por el hecho de que las rutas con mejor desempeño según el  
IITC, Senda del Oso, GR-38 o Camino Primitivo, coincidieron con aquellas que presentaron un  
mayor nivel de articulación entre oferta patrimonial, narrativa cultural y funcionalidad turística.  
Estos casos demostraron que el turismo cultural rural no requiere grandes inversiones en  
infraestructuras, sino una adecuada activación del capital territorial existente, tal como plantean  
anteriormente diferentes autores, Mutana y Mukwada (2018).  
Además, si se considera a las rutas verdes como catalizadores del turismo cultural rural,  
se observa que en todos los territorios analizados se confirma la existencia de un efecto  
multiplicador que se traduce en que la mejora de una ruta incrementa la visibilidad del entorno,  
genera nuevos flujos turísticos y estimula inversiones colaterales en restauración, señalización,  
alojamientos o producción local, anticipado por Matiku et al. (2020). Esta dimensión endógena  
del desarrollo, sin embargo, solo se consolida cuando hay liderazgo institucional y participación  
ciudadana activa, lo que permite confirmar la H4, en la que se plantea que las rutas verdes deben  
presentar una gobernanza participativa.  
Los resultados se alinean con la literatura internacional sobre índices sintéticos de  
turismo sostenible, que destacan la relevancia de combinar factores tangibles e intangibles para  
evaluar el impacto territorial. Esto permite contrastar la H3, donde se plantea que las rutas  
verdes deben contar con indicadores adecuados de impacto. Aquellas rutas que presentaron un  
mayor desarrollo en materia de indicadores claros, concisos y objetivos han obtenido una mayor  
valoración en el indicador IITC. Eso es algo que confirma lo presentado en su trabajo García-  
Llorente et al. (2020). Y es que dichos indicadores, que facilitan una información más  
comprensible, permiten tanto poner en marcha planes de actuación correctivos en caso de que  
les fuera preciso por cualquier circunstancia, como planificar nuevas estrategias de mejora con  
base en una información más fiable.  
En ese sentido, los hallazgos del presente trabajo se alinean con estudios que subrayan  
la importancia de los índices sintéticos para evaluar la sostenibilidad turística, en los que se  
respaldó la utilidad de aplicar un índice compuesto para comparar destinos y apoyar la toma de  
decisiones estratégicas. Una propuesta también contrastada por otros autores (Blancas et al.,  
2020).  
Asimismo, investigaciones recientes en Journal of Sustainable Tourism y Tourism  
Management refuerzan que el éxito de modelos como las rutas verdes depende tanto de la  
calidad de la infraestructura como de la capacidad para integrar factores sociales, culturales y  
ambientales en un marco coherente de largo plazo (Sharpley, 2020; Higgins-Desbiolles et al.,  
2019). Ambos trabajos van en la misma dirección que los resultados obtenidos en el presente  
trabajo.  
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Las mayores limitaciones son especialmente notables en Galicia y Cantabria, donde  
varias rutas mostraron potencial no aprovechado debido a la fragmentación de la gobernanza o  
a la falta de integración entre patrimonio y turismo, confirmando el estudio previo de Moral-  
Moral et al. (2019).  
Por último, en la línea de la H4, cuando se habla de que las rutas verdes deben presentar  
una gobernanza participativa, se analizan tanto la participación de las administraciones públicas  
en el diseño de las rutas como el respaldo que les da su presencia como institución pública.  
Sería una doble labor la realizada por los poderes públicos, una más activa y otra más pasiva,  
donde su presencia indica garantía de calidad.  
Conclusiones  
La mayoría de las rutas analizadas tienen déficits estructurales que comprometen su  
sostenibilidad:  
Mostraron una falta de continuidad territorial entre rutas y conexiones  
intermodales deficientes.  
Hubo una ausencia de financiación plurianual y dependencia de convocatorias  
dispersas.  
Escasa evaluación de impacto turístico o cultural con metodologías estables en  
diferentes rutas.  
Infrautilización de herramientas digitales o de inteligencia turística, algo bastante  
generalizado en todas las rutas objeto del presente estudio.  
Se confirma en el análisis de los resultados que se producen tanto brechas territoriales  
como barreras estructurales.  
Se concluye que las rutas verdes bien gestionadas son un vector fundamental para el  
desarrollo de un crecimiento territorial equilibrado, a la vez que son un objetivo claro de  
sostenibilidad e impulso de la economía circular de los territorios en los que están ubicadas.  
Esta gestión correcta pasa necesariamente por una gobernanza participativa llevada a la  
cooperación o cogobernanza entre el sector público y el privado, lo que se demuestra con el  
hecho de que son las rutas que mejor puntuación alcanzaron en el indicador propuesto.  
Esto permite formular varias recomendaciones estratégicas en ese sentido que pueden  
ser empleadas tanto por las administraciones públicas como por los entes privados que se  
vinculen a la gestión de las diferentes rutas:  
1.  
Reforzar la gobernanza multiescalar, fomentando consorcios estables público-  
comunitarios.  
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2.  
Incluir las rutas verdes en los planes estratégicos de turismo rural y en la  
planificación cultural de los municipios implicados.  
3.  
Implementar sistemas de seguimiento basados en indicadores sintéticos como el  
IITC, con actualización anual y comparabilidad territorial, donde el esfuerzo de las  
administraciones públicas debe ser fundamental para consolidar la ruta y la imagen de esta.  
4.  
Potenciar la conexión entre rutas y el transporte público de cercanías, para  
favorecer la accesibilidad desde entornos urbanos y semirrurales, constatando la necesidad de  
una participación pública más proactiva.  
5.  
Fomentar el uso de tecnologías digitales para enriquecer la experiencia del  
visitante: apps de interpretación, realidad aumentada, narrativas interactivas.  
El valor patrimonial y las narrativas culturales constituyen los pilares fundamentales  
para articular un relato territorial significativo y sostenible. La gestión turística del patrimonio  
no debe limitarse a su explotación económica, sino orientarse hacia la creación de experiencias  
con sentido, capaces de comunicar, emocionar y transformar.  
El territorio se convierte, así, en un espacio narrativo donde convergen la memoria, la  
identidad y la innovación. El éxito de las experiencias turísticas depende de la capacidad del  
destino para integrar el patrimonio tangible e intangible en un relato participativo, auténtico y  
emocionalmente resonante. Solo mediante este enfoque narrativo y experiencial se logra un  
turismo que contribuya realmente a la valorización cultural y a la sostenibilidad social del  
territorio.  
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